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Dr. Luís Oquendo, un educador y luchador insular

Junto al Dr. Alejandro Fuenmayor, el Dr. Luis Oquendo se constituyo en uno de los más importantes escritores didácticos del occidente venezolano. Nuestras antiguas escuelas federales de educación primaria, tuvieron entre sus textos principales de estudio el Tratado de Aritmética de este insigne educador y luchador, nacido en Isla de Toas en 1902, localidad donde dirigió la escuela de primeras letras junto a su hermano Joaquín Oquendo. Al ocupar los escaños del Cabildo marense y el Parlamento zuliano, el Dr. Oquendo levanto su voz de protesta por la poca equidad en la retribución y distribución de los recursos provenientes de la explotación de las canteras isleñas y por la falta de atención por parte de administración municipal marense. Al mismo tiempo inicio una de las más arduas querellas de esta población lacustre: su separación político-administrativa del distrito Mara, convirtiéndose de esta forma en el precursor del movimiento autonómico insular. En 1931 deja su pueblo para cursar estudios superiores en la Universidad de los Andes, donde recibe en 1936 el titulo de Doctor en Ciencias Políticas. A su regreso pasa a ocupar la Dirección de Política y la Secretaria de Gobierno del Estado Zulia y posteriormente la Procuraduría del Estado Falcón. Igualmente fue Director de Cooperativas del Ministerio del Trabajo y Presidente del Comité organizador de la 1era Convención del Centro de Acción Cooperativa en Caracas. Con su prematura muerte acaecida en el año 1947, Isla de Toas pierde al más arduo de sus defensores, pero por más de medio siglo su ideario unió en una sola lid y en un solo sentimiento al pueblo isleño hasta lograr la creación del Municipio Almirante Padilla. Mas hoy la situación que afronta esta entidad enclavada en el corazón de nuestra cuenca lacustre, podría definirse igual a como el Dr. Luís Oquendo lo hiciera en el cabildo marense en 1924, es decir, como “Vasalla de su propia explotación y desgracia”.

Pbro. Francisco Sánchez Carracedo

Con el estallido de la guerra civil española y después de formarse en el Seminario Carmelitano de Córdoba (España), el Monasterio de Bahía (Brasil), el Convento Carmelitano de Madrid la Universidad de dicha ciudad, la Biblioteca y Archivo Histórico Nacional de España, el Pbro. Francisco Sánchez Carracedo arriba a tierras venezolanas donde fue destinado en el año 1966 a la Parroquia Ntra. Sra. De Lourdes de Isla de Toas. Paralelamente a su actividad apostólica de más de tres décadas, en la que realiza la reconstrucción del templo de Ntra. Sra. De Lourdes y sus imágenes sagradas con su propio peculio, este sacerdote se convierte en uno de los más arduos defensores del pueblo isleño. Sus convicciones desataron desde el púlpito y las calles de Isla de Toas las más encendidas polémicas. Fue su voz en miles de ocasiones la que exigió atención y equidad al gobierno regional y al “Corrupto y negligente cabildo del Distrito Mara”, convirtiéndose en además, en uno de los tantos forjadores del proceso pro-autonómico insular iniciado por el Dr. Oquendo en el 1928. La cultura y el arte tuvieron en él al más digno representante en esa región lacustre. Su prolifera actividad como escritor le convirtió en miembro de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, Comendador de la Orden de Alfonso X el Sabio, de la orden de Isabel la Católica y de la Cruz de San Raimundo de Peñafort; así recibió la orden Cacique Nigale de la Municipalidad Insular que le declaro “Hijo Adoptivo” y que después, con el mas acervo dolor, le brindó sus parajes de playas y palmeras como morada eterna, mientras de los labios de sus nativos se dejaba oír esa sentida exclamación con la que ensalzó su gentilicio, su himno a la región insular.

Genocidio Indígena

Es con la llegada de los conquistadores que se inicio el proceso de reducción de la población autóctona que poblaba la cuenca del lago de Maracaibo. Desde la prisión del gran jefe Canoabo por parte de Alonso de Ojeda hasta la exterminación de los zaparas y quiriquires en 1581, entre las autoridades de Rió Hacha y Maracaibo las hazañas de Nigale, Mara, Yaurepara y otros tantos lideres naturales no pudieron con la arremetida del conquistador el cual perfecciono sus armas durante siglos para matar a seres humanos.

Entre 1580 1650 muchos grupos habían desaparecido por las acciones genocidas. Algunos se replegaron a las serranías y otros morían por las pestes y enfermedades en su retirada. Los zaparas, aliles, eneales, aratomos, cosinas y guajiros fueron reducidos después de varias sublevaciones y ataques en Maracaibo y otras poblaciones los wayuu, resistieron y se replegaron en la península para continuar con la lucha por su autonomía.

Nectario Maria (1977), afirma que los parautes, zaparas, eneales y quiriquires fueron exterminados por orden de Juan Pacheco Maldonado, sus jefes apresados y asesinados entre ellos Nigale y Tolennigastes asi como Mataguelo y Camiseto. Sus canoas confiscadas, quemaron sus rancherías, talaron sus labranzas y la persecución se extendió a demás grupos cercanos y lejanos de Maracaibo. Los conquistadores fundaron nuevas poblaciones para continuar persiguiendo a los nativos, tal es el caso de Sinamaica, fundada por Real Cédula en 1774, como la Villa de San Bartolomé de Sinamaica para someter a los guajiros a travez de un batallón militar permanente.

Los descendientes de los primeros pobladores de nuestro estado Zulia, hoy se mantienen y siguen luchando por el reconocimiento de sus derechos y por su reafirmación étnica.

El fin de la insurrección aborigen en la cuenca del Lago De Maracaibo tras la muerte de Nigale y sus repercusiones

Junto al Cacique Nigale, los Zaparas son literalmente aniquilados por los españoles. Apenas unos pocos lograron salvarse huyendo a lugares remotos. El resto de las tribus, especialmente los Añú: Aliles y Toas, al considerar lo sucedido con su líder Nigale y la Tribu Zapara, pertenecieron temerosos, en espera de los acontecimientos que podrían suscitarse en sus pueblos, lo que efectivamente aconteció ya que Pacheco Maldonado los atacó, quemo sus casas, talo sus labranzas, le arrebato sus canoas y mato a más de setenta indígenas Aliles e hizo a los demás prisioneros.

Igualmente suerte corrieron los indígenas de las tribus del sur: Parautes, Misoas y Quiriquires fueron exterminados o reducidos a prisión.

Es bueno acotar que en la Capitanía General de Venezuela jamás había ocurrido triunfo con las repercusiones de la obtenida por el Capitán Juan Pacheco Maldonado sobre Nigale y las tribus de la cuenca del Lago de Maracaibo. Además del Gobernador y Capitán General Sancho Alquiza, el propio Rey de España por carta de Fecha 23 de mayo de 1608 felicitó a Pacheco Maldonado y le agradeció sus servicios a la Real Corona por el allanamiento de los rebeldes que impedían la navegación en el Lago de Maracaibo. También el Cabildo de Nueva Zamora le agradeció el sometimiento y exterminio del cacique Nigale y los Zaparas, lo que permitiría finalmente a los españoles el alzamiento de la ciudad, sus comunicaciones y comercio, consolidándose la ocupación europea en la cuenca del Lago de Maracaibo en base al etnocidio, el despojo de los espacios ancestrales y la esclavitud de los grupos indígenas

La Captura, prisión y muerte de Nigale en 1607

Sobre los hechos que conllevaron a la captura del cacique Nigale y el sometimiento de los Zaparas se registran dos versiones historiográficas. La primera de estas dos versiones es del Hno. Nectario Maria quien en base a documentos del archivo general de indias refiere que fingiéndose amigo, el Capitán Juan Pacheco Maldonado, desembarco en la isla de Zapara desarmado a la vista de los propios indios, mientras del lado opuesto resguardada en los manglares saltaba a tierra la otra parte de la expedición bien provista de armas y pertrechos. Al desconocer esto, los fieros Zaparas dejaron descender a tierra a Pacheco Maldonado junto a un grupo de hombres desarmados creyendo que harían luego de ellos lo que se les antojara, pero unidos estos rápidamente cayeron todos sobre los indígenas, y tanto Nigale como el resto de su gente fueron apresados o muertos, algunos lograron escapar con mujeres y niños hacia el pueblo y laguna de Oribono, al que los Zaparas llamaban “Maticora”, pero el Capitán Juan Garcio Montero, de la expedición de Pacheco Maldonado, capturo allí siendo todos reducidos a prisión.

La segunda versión en torno al encuentro de Pacheco Maldonado y Nigale y los hechos que conllevaron a su captura, prisión y muerte junto a los Zaparas. Es de Fray Pedro Simón, quien en sus Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, refiere que en las cercanías de la barra de Maracaibo, salieron al encuentro de la expedición de Juan Pacheco Maldonado una canoa con dos indios, y uno pregunto con voz atrevida que quienes eran y donde iban, al que el Capitán Pacheco respondió que quien era el que se lo preguntaba. El indio le respondió: yo soy Nigale. El Capitán le dijo: llegaste acá, que me alegro mucho de encontrarte, porque yo soy Juan Pacheco, y sabes que tengo obligación de quererte bien; esto dijo porque Nigale había sido paje de su padre el Capitán Alonso Pacheco. Nigale respondió en lengua castellana: pues si me quieres bien ¿por qué me vienes a hacer la guerra a mi y a mi gente con esos soldados? A esto respondió el Capitán Pacheco: yo no pretendo hacerte la guerra ni mal alguno, pues solo los traigo por miedo que tengo a ti y a tu gente, que no habéis de dejar cargar estos barcos de sal, que es a lo que vengo, pues ya podrás echar de ver la falta que tenemos de ella en Trujillo, después que tu gente os alzaste y si tu con ella me los quieres cargar, te lo pagare muy bien y sin pasar adelante tomare la vuelta al puerto. Esto decía el Capitán Pacheco pues la salina que abastecía a toda la tierra estaba en poder de los indios. Nigale acepto diciendo que lo haría con gana, porque le quería bien, por ser hijo de su amo, y todos los de Trujillo porque nunca le habían hecho el mal. Concertaron entonces que al otro dia fuera Nigale a la salina que estaba como a una legua de la barra, y trajese su gente, porque Pacheco iba con la suya y los barcos a hacer noche en ella. Acepto esto Nigale con condición de que no debían sacar sus armas el Capitán Pacheco y sus soldados, lo que pacheco acepto, si igual Nigale y su gente no llevaban armas.

Nigale se despidió sin aceptar nada de lo que el Capitán Pacheco le quería dar después y al siguiente dia se encontraron en la isla, Nigale con su gente y Pacheco con sus soldados, llevando estos últimos escondidos entre sus mangas y brazos un cuchillo gífero. Con palabras ambos se ofrecieron amistad y estrecharon las manos, y en prueba de ello Pacheco mando a sacar una petaca de biscocho con que almorzasen todos, la que viniendo liada por unos látigos de cuero yerto y seco, no podían abrir, y diciendo el Capitán Pacheco que cortasen el cuero, el soldado a quien le encomendó traer dicha petaca le respondió: hémosla de cortar con los dientes, si vuestra merced manda que ni un cuchillo saquemos. Esto inspiro cierta confianza a Nigale quien con un hueso de pescado corto los amarres y saco el bizcocho del que tomaron todos los indios a su gusto, excepto Nigale quien junto a otro indio de nombre Tolenigaste se retiro un poco, a los cuales dijo Pacheco que tomaran bocado también, para beber una vez vino, que luego sacarían para que se hiciese muy bien almorzar. Llego Pacheco a la petaca para tomar bizcocho junto a Nigale y Tolenigaste y al momento y al momento que estos dos últimos para hacerse de un pedazo para comer Pacheco los tomo de los cabellos y sus hombres sacaron los cuchillos abriéndoles las barrigas a los indios a punto de tener a casi todos destripados, aunque muchos de ellos con las tripas en el suelo, furiosos, atacaron a los españoles y forcejearon con ellos en el agua tratando de ahogarlos. Tras acudir en socorro de Pacheco varios soldados, ya que Nigale y Tolenigaste lograron herirle, finalmente los capturan y amarran junto a otros, quedando en total once presos y otros catorce muertos. Esto bueno acotar que esta versión de Fray Pedro Simón es destinada por el Hno. Nectario Maria en su obra “Orígenes de Maracaibo”.

Derrotados los Zaparas y capturado Nigale el 23 de junio de 1607 son conducidos a la cárcel de Nueva Zamora de Maracaibo. Desde su aprehensión no pudieron sacarle palabra alguna. Triste y melancólico, durante la noche de su captura se arranco el pelo las pocas barbas y bigotes que tenia y se fue comiendo uno a uno. Al siguiente dia fue conducido a la horca, siendo ejecutado junto con los demás capturados.

Nigale, el Héroe del Pueblo Añú El Cacique Nigale y la rebelión de las tribus de la Cuenca del Lago de Maracaibo 1598 – 1606

Nigale nació hacia el año 1577 en la isla de Zapara, ubicada en la entrada de la Barra del Lago de Maracaibo, cuyos habitantes ancestrales pertenecientes a la etnia Añú conformaron la tribu de su mismo nombre (los zaparas). Sus actividades de subsistencia giraban principalmente en torno a la pesca y comercio de sal, y por diestros conocedores de las entradas y canales de la barra fueron utilizados como pajes o prácticos por las embarcaciones españolas para evitar el encallamiento; esta labor realizada por la gente de su tribu también fue llevada a cabo por Nigale, la que le permitió conocer a los españoles, dominar su idioma y ser paje del fundador de Ciudad Rodrigo (Maracaibo), Alonso Pacheco, de quien fue esclavo como otros de su etnia. Es bueno acotar que estos aborígenes también realizaban intercambio o trueques con los demas tribus de la cuenca del lago, incluso con la propia Nueva Zamora de Maracaibo, ciudad que, a diferencia de sus anteriores doblamientos (Nueva Zamora fue el tercer redoblamiento de Maracaibo) no fue azotada por piratas y filibusteros pero si tuvo que enfrentar la rebelión iniciada por los Zaparas y que se extiende a los demas grupos indígenas de la cuenca, con el que se inicio una escalada de ataques que acarrearon la muerte de muchos de sus moradores asi como las graves dificultades para su aprovisionamiento, y que Nigale tras lograr fugarse de su “amo”, organizó y dirigió motivado por el vejamen y explotación de los españoles para con su pueblo y los de la cuenca, asi como por el despojo de sus territorios ancestrales. Las hostilidades comenzaron en 1598, cuando Nigale como cacique de los Zaparas inicio ataques a los buques y fragatas en el paso de la barra de Maracaibo, lo que imposibilitó el trafico y comercio a Nueva Zamora, Gibraltar y demas pueblos circundantes y relacionados con el Lago de Maracaibo, como Mérida, Trujillo, Barinas y Guanare. Ante la grave situación suscitada por los ataques del cacique Nigale y los Zaparas, a la que se sumaron activamente los indígenas Añú de la tribu de los Aliles, el Cabildo y vecinos de Nueva Zamora de Maracaibo rogaron al Gobernador y Capitán General de Venezuela, Gonzalo de Piña Ludeña, diera a socorro a esa ciudad enviando éste en auxilio y con soldados, armas, municiones y bastimentos suficientes atacó a los indígenas habitantes del caño Paisana de la Barra y logro someter con gran dificultad a los Zaparas, los que se aquietaron durante los breves años de su gobierno. En 1600 nuevamente se suscito un feroz ataque esta vez por los aborígenes de la tribu Quiriquire, los que se sublevaron contra el encomendadero y Teniente del Gobernador, Rodrigo de Argüelles, destruyendo la ciudad de San Antonio Gibraltar. Pero es a partir de 1606 cuando la situación defensiva de Nueva Zamora de Maracaibo se hace crítica, una vez que el cacique Nigale logró articular la sublevación de las tribus aborígenes habitantes de ambos extremos de la cuenca del Lago de Maracaibo: Aliles, Toas, Auzales, Arubaes, Eneales, Quiriquire, Parautes, y Misoas, los que hicieron causa común en el propósito de destruir los asentamientos españoles, en especial Nueva Zamora de Maracaibo y restablecer al dominio aborigen los espacios ancestrales que la invasión europea les había arrebatado tras someterles por las armas y esclavizarlos. Las primeras acciones del Cacique Nigale y las tribus se fueron la destrucción de las siembras y labranzas de las que se abastecía Nueva Zamora de Maracaibo y con canoas obstaculizaron su aprovisionamiento, adueñándose ademas de todos los bajeles y canoas surtas en su bahía. También destruyeron los puertos situados a lo largo de las costas del lago para evitar que fuesen llevados víveres, como fue el caso de puerto existente en los pueblos de Tomoporo y Moropo cuyos habitantes eran indígenas adictos a los españoles. La coalición de tribus aborígenes dirigida por Nigale una vez logrado el control de los pueblos puertos menores y de aprovisionamiento de la cuenca dirigieron sus esfuerzos al asedio y taque de la ciudad principal Nueva Zamora de Maracaibo cuyo, Cabildo y vecinos trataron rodearon con muro de tapias y centinelas para protegerse. Diezmados por las dificultades para el aprovisionamiento, con escasas posibilidades de navegación y en estado de zozobra los habitantes de Nueva Zamora de Maracaibo debieron aguardar durante varios meses, hasta que el Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela, Sancho de Alquiza, designo en febrero de 1607 al Capitán Juan Pacheco Maldonado para encargarse de su gobierno como teniente de Gobernador y para someter a los indios sublevados, preparando a tales efectos un contingente en Trujillo, Mérida y Maracaibo para aniquilar, de manera muy especifica, a Nigale y la tribu Zaparas. Una vez que tuvo suficientes hombres, armas, pertrechos, dos bergantines y reunir todas las canoas posibles, Juan Pacheco de Maldonado Zarpó del “puerto de Barbacoas” ubicado en Moporo, colocando en practica un ardid bien tramado para capturar a Nigale, dar muerte a los Zaparas o hacerles prisioneros.